Desde Izquierda Unida-Verdes manifestamos nuestrorechazo firme al Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), por considerar que constituye una nueva vuelta de tuerca en un modelo económico que antepone los beneficios de las grandes corporaciones a los derechos de los pueblos, del medio rural y del planeta.
El acuerdo UEMercosur es fruto demás de dos décadas de negociaciones opacasy responde a una lógica neoliberal de desregulación y competencia salvaje que amenaza la agricultura social y profesional, la ganadería extensiva, la soberanía alimentaria, los derechos laborales y la protección ambiental. La eliminación de aranceles y mecanismos de protección someterá a los productores europeos a unacompetencia desleal con países cuya normativa sanitaria, laboral y ambiental es muy inferior a la europea, favoreciendo al agronegocio y precarizando aún más el campo.
Diversas organizaciones agrarias europeas y estatales han advertido que este tratado permitirá la entrada masiva decarne, azúcar, miel, legumbres y otros productoselaborados bajo condiciones que en Europa son ilegales: uso masivo de fitosanitarios y hormonas, estándares laxos de trazabilidad y control, y vulneración del bienestar animal. Sus consecuencias directas serían lacaída de precios, el cierre de explotaciones familiares y la destrucción de empleo rural, afectando a la cohesión territorial y al tejido económico de amplias zonas del país.
Además, la Unión Europea avanza hacia este acuerdo en paralelo a losrecortes de la Política Agraria Común (PAC), que se pretende reducir drásticamente mientras se multiplican los fondos destinados al rearme y la industria militar. Esta orientación política, contraria al espíritu fundacional de la UE, prioriza los intereses de los mercados y la militarización sobre el derecho a producir y consumir alimentos sanos, cercanos y justos.
Elmodelo de agricultura y ganadería social y profesionales esencial para garantizar precios justos, empleo digno, relevo generacional y futuro para el medio rural. Estas actividades cumplen una función pública irrenunciable: fijan población, conservan el medio ambiente, cuidan el paisaje agrario, previenen incendios y salvaguardan los servicios ecosistémicos que sostienen la vida. Frente a ello, el tratado UEMercosur supone unataque directo a la transición agroecológica europea, al contradecir los principios de la estrategia "De la Granja a la Mesa" y de laDeclaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos, que reconoce el derecho a vivir dignamente de la tierra y a decidir sobre los alimentos que producimos y consumimos.
Mientras algunas fuerzas políticas europeas y estatales miran hacia otro lado,Izquierda Unida ha encabezado el trabajo de denuncia y oposición a este acuerdo injusto, logrando un pronunciamiento unánime de los eurodiputados de parte de la izquierda europea parallevar el tratado ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en defensa del interés público, la soberanía alimentaria y la justicia social. Esa labor demuestra que hay otra forma de entender Europa: desde la cooperación, la sostenibilidad y el respeto a los pueblos y al planeta, no al servicio del capital multinacional.
No podemos permanecer ajenos a una decisión que afecta de forma tan directa al campo, a la economía local y al futuro de nuestro territorio. Necesitamos una Política Agraria Común fuerte, dotada de recursos suficientes y orientada al apoyo de la agricultura social y familiar, al relevo generacional, al empleo digno y al mantenimiento de la población en el medio rural.
Rechazamos los recortes de la PAC derivados de la orientación belicista del presupuesto europeo, así como el desvío de fondos agrarios para el rearme, por considerarlos contrarios a los principios de soberanía alimentaria y justicia territorial. Y, apoyamos las movilizaciones del sector agrarioen defensa de precios justos, condiciones dignas y un futuro sostenible para el campo.